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martes, 7 de julio de 2015

Para engordar la hora importa


El bueno de Don Quijote ya le daba consejos a Sancho, unos consejos que resultan muy acertados a la vista de los recientes descubrimientos científicos sobre nutrición.

Cervantes pone en boca de D. Quijote un consejo para su escudero:

"Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago”.

La recomendación de comer poco puede que estuviera motivada por la necesidad de frenar el apetito del escudero comilón por motivos de intendencia en sus viajes, pero cuando dice “cena poco”, está afirmando algo que entonces no era fácil de atisbar. Mucha sabiduría encierra esa expresión de que la salud de todo el cuerpo depende del estómago.

Y es que, últimamente, se ha descubierto el mecanismo molecular que nos hace engordar si nuestro organismo tiene a su disposición suficientes nutrientes en las horas nocturnas.

Ya había muchos refranes que avisaban sobre los perjuicios de cometer excesos a la hora de cenar. Y curiosamente, no sólo Cervantes.

Hay cantidad de antiguos dichos populares que se pronuncian al respecto. Es muy conocido el que dice:

"De grandes cenas están las sepulturas llenas"

Y aquí va otro dicho popular que encierra una gran sabiduría:

“Desayuna como un rey, almuerza como un príncipe, cena como un mendigo”.
                                         
Y Benjamín Franklin decía…

“Abreviar la cena: prolongar la vida…”

Los últimos estudios genéticos vienen a demostrar lo acertado de todas estas aseveraciones. Y es que ya se ha identificado un gen en las células grasas que juega un papel clave en cuanto a nuestro sistema de nutrición. Este gen funciona como un reloj temporizador en las células de la grasa y actúa sobre en el sistema nervioso central.

A grandes rasgos, esto permite que nuestro organismo esté programado para acumular reservas en las horas nocturnas Por tanto está muy claro lo importante que es restringir las cenas.

Así que no sólo el tamaño importa, sino también el momento en el que decidimos ingerir un bocado.

lunes, 27 de abril de 2015

Mitos sobre los alimentos ecológicos: III

En los dos escritos anteriores, vimos que los consumidores que se deciden por los alimentos ecológicos lo hacen habitualmente por que les achacan tres virtudes:

1. Procura el bienestar animal.
2. Su consumo aporta más salud.

Ya hemos dado nuestra opinión en cuanto a los dos primeros.
 Veamos ahora el tercer punto;

¿Su producción ayuda a cuidar el medio ambiente?

Solo a veces.

Por ejemplo, los acuíferos se contaminan por el excesivo uso de lo que conocemos como “abono natural”. O sea; excrementos de animales. 

Cuando se emplean en exceso, se contaminan las aguas de nitratos y nitritos que además de ser cancerígenos, no permiten la depuración de las aguas.

Pero si todos decidiéramos consumir agricultura ecológica, veamos el efecto que tendría sobre los espacios naturales:

Los cereales son la base de la alimentación de la humanidad.
Y para la producción de ganado, solo se permiten piensos procedentes de cultivos ecológicos.

Los cultivos que ahora permiten un rendimiento suficiente de cereales, necesitarían el doble de espacio ya que el cultivo ecológico solo rinde el 50%, debido a la no utilización de abonos químicos.


La consecuencia es que se arrasarían hectáreas de zonas que actualmente están consideradas como santuarios naturales.

En cuanto a la ganadería, podría pasar exactamente lo mismo.
El pastoreo intensivo puede llegar a arrasar zonas enteras y acabar con la biodiversidad.
Y ya hemos visto como se  prima que el ganado para carne ecológica se crie en libertad.


Otro argumento muy importante en que se apoyan los defensores de que los alimentos ecológicos protegen el medio ambiente es la oposición al uso de los alimentos transgénicos. 

Esos alimentos tan denostados por los buen rollistas a ultranza, resulta que van camino de convertirse en la única posibilidad de alimentar algún día a la humanidad si seguimos creciendo así.

Y en contra de la mala prensa verde, la realidad es que, a día de hoy, no hay ningún estudio publicado y riguroso que indique que el consumo de alimentos modificados genéticamente sea peligroso para la salud.



Sé que no es políticamente correcto hablar bien o salir en defensa de esto.
Ni siquiera hacerse eco.

Pero tampoco debemos admitir que nos manipulen con afirmaciones catastrofistas y conspiratorias.
Por ello, voy a permitirme citar a un científico que parece tener suficiente credibilidad a nivel mundial.

Se trata de un Premio Nobel por sus descubrimientos sobre la estructura de los genes en 1977. Richard J. Roberts, químico británico.

Transcribo sus palabras textuales:

“Una vez más nos encontramos ante un caso donde la política supera a la lógica y al sentido común. 
El ejemplo más notorio se encuentra en Europa, donde el Partido Verde hizo de los alimentos modificados genéticamente su grito de guerra político y fue capaz de convencer a un público generalmente cauteloso de peligros que no se han demostrado que existan.

Lo más triste de todo esto es que, de todos los países del mundo, los de Europa no son precisamente los que tienen una necesidad acuciante de producir alimentos modificados genéticamente. 

Así que los políticos europeos no están condenando a su población a la hambruna sin este tipo de alimentos. 

En cambio, en muchos países en vías de desarrollo no habrá alimentos suficientes para sostener a la población actual y futura sin alimentos modificados genéticamente. 

Por lo tanto, el movimiento de los verdes para tratar de convencer a estos países de los peligros de los alimentos modificados genéticamente borda lo criminal. ¡Son los verdes los que son un peligro!

Personalmente, yo estaría a favor de acusar de crímenes de lesa humanidad a esos políticos que tratan de exportar sus campañas anti alimentos modificados genéticamente a África y a otros lugares. 

Si tienen éxito, serán responsables de más muertes que los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.”


Y cuidado que este premio nobel también sale en defensa de las políticas sociales y  opina que:

“Las sociedades civilizadas, de las que Europa es un ejemplo brillante, deberían reconocer que la salud es responsabilidad del estado, por lo que no debería ser una función más del sistema capitalista para ganar dinero.”

Parece ser que  se suele anatemizar aquello que está al alcance de todos y se sublima lo que solo pueden acceder las economías más desahogadas;

La comida ecológica es la más cara, y los transgénicos pueden abaratar los precios.

Y así estamos consiguiendo una sociedad que cuando sale a comprar se siente agredida y cada estantería de alimentos le empieza a parecer un monstruo al acecho.

Pero es importante que no haya que sentirse ni inferior ni culpable por no consumir alimentos ecológicos.

viernes, 10 de abril de 2015

Mitos sobre los alimentos ecológicos

Los partidarios del consumo de alimentos ecológicos los recomiendan basándose en  tres puntos:

  • Procura el bienestar animal.
  • Su consumo aporta mas salud.
  • Su producción ayuda a cuidar el medio ambiente.


Vamos a razonar sobre el primer punto: Procurar el bienestar animal.

Todavía está fresco en el recuerdo de muchos españoles el tiempo en que, para la mayoría de las familias, comer pollo era un privilegio supeditado a ciertas celebraciones.

Gracias a los sistemas de explotación agraria hoy la carne y los huevos se pueden consumir a unos precios entonces impensables.

Está bien que los alimentos provengan de animales que se crían en explotaciones donde se les hace la vida más agradable. Con lo cual, me parece perfecto que los consuman aquellos que quieran y puedan pagárselos.

Pero debemos tener en cuenta que para toda la producción animal (ecológica o no), existen en la CEE unas normas de obligado cumplimiento sobre el bienestar animal.



De hecho, y aunque resulte paradójico, en los transportes de ganado, los cerdos tienen derecho a más espacio que los humanos en algunas líneas de aviación.

Y también existen normas en cuanto a la conducción de los transportes de ganado para regular los acelerones y frenazos, que ya lo quisiéramos nosotros en los autobuses urbanos.
Por lo tanto, es importante que nadie deba sentirse ni inferior ni culpable por no consumir  alimentos ecológicos.

Tampoco son mas sanos.
Lo veremos cuando reflexionemos sobre los dos puntos siguientes.